viernes, 13 de abril de 2012

19:41

Dejadme en paz. Mi cerebro me cuida, me proporciona naves con las que surcar el universo. Tiempo que muere entre mis manos, como la arena que cae de este asteroide sucio y desconchado. Triste. Una casita sin gravedad, un espacio sin aire y allí me alojo yo, un ser huesudo, pequeño, perdido y cegado. Aquí ya no viven los monstruos, aquí vienen a tomar el té con mis otras bestias. La juerga durará hasta tarde, la puerta está abierta.

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